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La paradoja de la tía May

  • Foto del escritor: Luis Ángel Esparza
    Luis Ángel Esparza
  • 12 jun 2021
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 25 jun 2021

Seguramente todos hemos perdido la cuenta de cuántas adaptaciones al cine existen de la historia de Spider-Man. Unas tratan de su origen, otras de algún enemigo, su relación con Mary Jane o sus aventuras. Pero lo que es una constante innegable es su tía May, y la curiosa manera en la que adaptación tras adaptación la actriz que la interpreta es cada vez menos canosa, más joven, menos adulta mayor.


¿Por qué ocurre esto? ¿Es acaso la tía May un personaje que se supone debiera encender nuestra libido? Tal vez algo como eso explicaría su regresión hacia la juventud, pero es un personaje protector y sabio, un rol relegado poco a poco en los medios, donde los mentores y maestros tienen un cambio de rol que les otorga cada vez características más asociadas a la juventud y menos a la madurez.


Esto no es un hecho aislado. Es un síntoma de una enfermedad que abarca mucho más que los medios masivos que representan de una determinada manera a los adultos mayores. Basta con pensar en los retratos familiares del siglo XIX. En ellos, los hijos parecían disfrazados de sus padres, con gestos adustos y trajes serios. Esta tendencia continúa hasta los años 70, cuando más bien parece que los padres estuvieran disfrazados de sus hijos, con cabellos largos asomando en medio de la calvicie y pantalones acampanados. Esa lamentable tendencia no se ha detenido hasta hoy.


Y es, sin duda, lamentable, porque el prospecto de envejecer es una promesa que nos da la vida el día que nacemos y todos debemos aceptar que algún día envejeceremos, por más que nos enchufemos la cara de Botox y nos esclavicemos en el gimnasio. La vejez ocurrirá. ¿No nos conviene acaso embellecerla en nuestras narrativas para así asegurarnos un camino hacia la felicidad? Al contrario, la barremos bajo la alfombra y nos aferramos a una falsa juventud que hace que actores y actrices que trabajan con sus rostros los desfiguren con cirugías plásticas que arruinan su herramienta de trabajo.


Evidentemente, esto ocurre porque la juventud es un bien preciado y breve que todos anhelamos conservar, aunque esto no vaya a ocurrir jamás. No sólo nos conviene aceptarlo sino que deberíamos ver a los adultos mayores por lo que son y no como los bebés arrugados que la sociedad nos dice que son.


La pregunta entonces sería: ¿qué son? Me aventuro a dar una respuesta a través de una anécdota personal. Yo tengo 40 años. Si nos remontamos 30 años atrás era sólo un niño que veía a su madre desde la óptica de un niño. La veía y pensaba “qué vieja”. Ella tenía entonces 40 años. Regresando al presente, me veo a mí mismo hoy, a los 40 y pienso “qué joven”. ¿Cómo reconciliar estas dos conflictivas afirmaciones? Fácil: yo estaba equivocado. Ni ella era entonces vieja ni yo soy hoy joven. Todo depende de la óptica con la que se mire.


Es por esa razón que hoy, sintiéndome muy joven, veo a mi madre, de 70 años y no puedo evitar verla más joven de lo que son mis alumnos de 20. Es una mujer independiente y capaz, con una agilidad mental envidiable y muchas ganas de seguir riendo y gozando la vida. Pero podemos sumarle a eso la sabiduría que además ha adquirido con los 70 años que ha vivido. Se ha apaciguado, toma las cosas como son, no se preocupa innecesariamente y disfruta el presente con alegría. Eso es una vida plena. Más que la mía, sin duda.


Por esta razón, estoy seguro de que cuando pasen 30 años más y yo alcance los 70 estaré tan joven como está hoy mi madre. Ciertamente con achaques (los tengo desde los 25), pero no por eso menos activo, presente y vivo.


Espero que algún día la sociedad reaccione y deje de barrer bajo la alfombra la vejez que nos espera para más bien darle el lugar que se merece: el mismo que el de la infancia y la madurez. Simplemente un estadio más de la vida. Otro momento en la maravillosa experiencia humana. El día que eso ocurra, tal vez le den a una actriz con las características de mi mamá el papel de la tía May. Es un gran personaje, y no merece que la devaluemos haciéndola más joven de lo que debería ser.


Redactado por Luis Ángel Esparza, Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Lima con especialidad en cine, Luigi se desempeña desde hace veinte años como cortometrajista, director y guionista especializado en animación. Editor en varios canales de televisión, guionista para diversos clientes como Hoteles Libertador, Mapfre, Media Networks y demás, profesor de cine en Toulouse Lautrec, ISIL y UCAL, postproductor free-lance.


Es co-creador de "Ciudad Jardín", la primera serie de animación producida enteramente en el Perú, transmitida en Perú y en Chile. También ha ganado incentivos del Ministerio de Cultura de Perú por su largometraje "Mochica" y su cortometraje "El Faro", ambos aún en producción.


 
 
 

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